Nunca tuve miedo a lo desconocido: Salcido.

Foto: Especial.

(KSM) Para llegar al éxito en la vida el camino es muy complicado, porque no solo se trata de los obstáculos mismos del entorno sino lo que uno encuentra a su paso, incluso en el extranjero, como le ocurrió al ex futbolista Carlos Salcido, quien relata que su experiencia en el PSV tuvo un inicio complicado y un final muy positivo, pero no fue sencillo un cambio tan radical en su vida.

“Voy a ser muy honesto, no sentía ningún miedo, sentía la sensación de cada vez muy rápido se me estaban dando las cosas luego de regresar en el 2013 al primer equipo, muy rápido se me estaba dando la Selección, la Eliminatoria, el Mundial, la Confederaciones, pero no tenía ninguna sensación de miedo a lo desconocido, yo de Holanda no conocía nada”, recuerda el ex seleccionado.

Con tantas cosas fuertes en su vida como no tener dinero para el camión o el fallecimiento de su madre, enfrentar algo nuevo no le causaba problema, “no tenía miedo porque todo lo que yo estaba pasando ya en ese momento era como un flan, yo creo que lo duro, lo difícil lo viví de joven, de chiquito, la vida dura, la vida difícil, el no poder tener el plato que comer en la mesa, dormirte en una banca, tocar puertas, pedir ayuda, ese tipo de cosas que le hacen falta a uno”.

Al contrario, esto era como la parte bonita de un sueño, “era como esta en una nube, ya lloré lo que tenía que llorar, que miedo me iba dar llegar a una ciudad que no conozco, hablan un idioma diferente, acoplarnos y todo el rollo, al contrario, me entusiasmaba mucho saber que estaba viviendo experiencias nuevas, nunca había visto nevar, no sabía ni al equipo que estaba llegando”.

Las cosas buenas trajeron consecuencias buenas, “yo lo que quería era dar esos saltos y seguir elaborando y seguir haciendo una linda carrera en Primera División, porque yo veía una mejora en mi familia”.

Y cuando llego el primer sueldo importante lo primero que hizo fue atender lo relacionado a la sepultura de su madre, “la primer buena lanita que en su momento me cayó la agarre toda, fui a pagar todos los intereses, todas las cosas que se debían de parte de mi madre y le logre hacer un cuartito con una tejita para saber a donde ir a platicar con mi madre, para saber donde estaba y que no me la quitaran, ahí fue donde mi primer salario, entre comillas, lo tuve que utilizar para esa parte”.      

El idioma y la comida fue una situación que lo puso más a prueba, pero que logro sortear gracias su compañero el peruano Jefferson “La Foquita” Farfán, “pase prácticamente un mes comiendo hamburguesas, porque no sabía pedir en holandés y el inglés no lo masticaba. Una noche estaba platicando con mi señora diciéndole que esto no era para mí, que llevaba un mes comiendo mal, que no le hallaba al tiempo, que en el entrenamiento me sentía débil, y llega esa noche a mi cuarto “La Foquita” Farfán, él me lleva a un restaurante de tapas españolas y todo eso, y que todos los meseros y la gente hablaba español, para mí fue la gloria”.    

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