Foto: Pablo Lozano.
(KSM) En un remozado Jardín del Santo en la alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México, el Hijo del Santo encabezó este jueves el homenaje a su señor padre a 42 años de su partida, a la cita acudió la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega, quien destacó que el Santo fue vecino del barrio de Tepito, siendo un ejemplo de como se puede salir adelante sin recurrir a la violencia.
En esta ocasión, el continuador de la Leyenda de Plata se hizo acompañar por la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, quien intervino para que la estatua ubicada en Tepito fuera remozada y se le colocara una nueva placa, la cual le fue robada hace unos días por tercera ocasión.
“Lo recuerdo todos los días, pero este día lo recuerdo con mucha tristeza, siempre que se nos va un ser querido es muy triste, lo que yo más lamento es que se fue joven, creo que podía vivir más, esa vez fue un día y una semana de mucho ajetreó, de muchos sentimientos”, mencionó el Hijo del Santo.

Quien reiteró, “mientras ustedes lo quieran, mientras ustedes lo recuerden, él seguirá vivo”.
Uno de los proyectos en los que trabaja es poder crear el Museo del Santo, “yo sigo con el dedo en el renglón, yo estoy seguro que lo vamos a lograr pronto”.
Ahora en su nueva faceta como ex luchador, “ya más tranquilo, ya más relajado, porque no hay esa responsabilidad del ring, pero lo más bonito es esto, el cariño de la gente, que es lo que extraño, a parte del ring, las cuerdas, los topes y todo eso, el cariño y la cercanía con el público, venir aquí o estar en un lugar donde la gente se acerca me dan su cariño, el hecho que se acerquen a pedir una foto, un autógrafo, ya eso es un alimento para mí”.

El proceso como ex luchador “ha sido un proceso difícil porque se extraña todo lo que es el ambiente, yo creo que el secreto es no dejar de hacer ejercicio, de seguir activos haciendo otros proyectos, y cuidar tu cuerpo, ya no exponerte en un ring, pero hay que seguir activos”.
La alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega señaló, “hablar del Santo en estas calles no es hablar de un extraño, es hablar de un vecino, de un ejemplo de nuestra propia fuerza, Rodolfo Guzmán Huerta entendió algo que pocos logran, que para ser grande primero hay que ser del pueblo, él caminó estas calles, sintió el pulso de nuestra gente, y decidió que su máscara no era para ocultarse, sino para representarnos a todas y todos”.
Y añadió, “nos enseñó la lucha diaria, no importa que tan grande sea el rival, ya sea en el ring o en los desafíos de nuestra vida cotidiana, siempre se puede salir adelante con técnica y con esfuerzo, siendo limpios. Dos, nos enseñó la identidad del barrio, el Santo le dio cara a México ante el mundo, nos puso en el mapa, él hizo que el sinónimo de ser mexicano es ser un héroe, y tres, la justicia como bandera, fue el Enmascarado de Plata quien siempre estuvo del lado de los buenos”.